Thursday, May 10, 2012

Tiempo espiritual para salir de la depresión

Por el Rev. José Eugenio Hoyos


En nuestra comunidad hispana son más y más los casos que encontramos de depresión leve y severa dentro de nuestra comunidad inmigrante.

La depresión es un mal que está atacando directamente el espíritu y la mente del hombre, sobre todo aquí en los Estados Unidos cuando nuestra gente por la situación de la crisis económica mundial, la falta de oportunidades, al no encontrar esperanza en un futuro cercano o por recuerdos negativos de un pasado. La depresión esta hoy en día  a la puerta de nuestros hogares, la depresión no respeta la edad y muchas veces ni la condición social.

La principal causa de la depresión es haber faltado de manera constante al primer mandamiento de la ley de Dios, amar a Dios sobre todas las coas. Al verdadero Dios lo hemos reemplazado por otros dioses que nosotros mismos hemos hecho a imagen e ideal de nosotros, y cuando estos dioses se derrumban, nos sentimos vacíos y es cuando entramos en un estado de decepción, que nos lleva a la depresión. Cuenta la historia que el inventor de la tira cómica Popeye, se suicidó en su apartamento dejando una nota que decía: “he tenido toda la fortuna necesaria para vivir y mucho más, he conocido la gran mayoría de los países, he saboreado los mejores banquetes y he tenido los mejores lujos; y me quito la vida porque en nada de esto he encontrado la plena felicidad”.

¿Cuantas veces te has sentido infeliz, aún a pesar de que tienes todo lo necesario para vivir? ¿Cuántas veces te has dado cuenta que alguien te ha fallado? Dice la palabra de Dios: “Porque donde está tu tesoro allí estará también tu corazón” (Mateo 6, 21). Y cuando se nos desaparece el tesoro en el cual hemos puesto nuestra confianza, comenzamos a perder el norte de nuestra vida.

Si quieres salir de la depresión debes realizar una buena confesión, acercarse más a Dios visitando por lo menos una hora o más al Santísimo. Pues al tener un encuentro personal con Cristo él te brindará completa sanación, porque Jesús es el camino, la verdad y la vida.

Hay que mirarse en el espejo de la vida y darse cuenta que somos criaturas preciosas y maravillosas creadas por Dios con una misión en la vida. Quiero que sepas que aún hay esperanzas y que por más oscuras que estén las nubes, al otro lado de ellas brilla el sol.

Wednesday, April 25, 2012

Es un monstruo…….eso no es Dios

Por Padre José Eugenio Hoyos.

Encontramos en la vida personas caprichosas, inconformes, orgullosas, soberbias que no quieren aceptar a Dios como nuestros antepasados, abuelas, padres de familia, Las Sagradas Escrituras o los catequistas nos han enseñado. Queremos fabricar e idearnos un Dios a nuestra manera o en muchas circunstancias sacarlo de nuestra vida porque su presencia nos estorba o nos impide hacer lo que queremos en nuestras vidas.
“Un hombre quería construirse un Dios. Sabía que se trataba de una empresa difícil y compleja, pero estaba decidido: construiría un Dios. Echó cálculos, saco lápiz y hoja y comenzó a escribir: en primer lugar, mi Dios tendría que ser omnipotente. Y el hombre dedicó una buena parte de su vida acumulando poder para su Dios. Junto los cuatro vientos, recogió fragmentos de rayos esparcidos por la tierra, reunió gritos y alaridos de toda clase y los guardo en un frasco de cristal.
Después supo que su Dios, para que fuese tal, debía ser inmortal. Quedo perplejo ¿Cómo lograr la inmortalidad para su Dios? Después de muchos años, después de mucho embarcarse y trajinar logró dar con la solución: Las piedras no mueren- le gritó el eco de las montañas (aunque no advirtió que su grito provenía más de su alma).
Es verdad, se repitió internamente las piedras no pueden morir, reunió una gran cantidad de piedras, rocas, mármoles, granitos y cuarzos y lo puso junto a los cuatro vientos.
Ahora necesito un nombre para mi Dios. Se dijo satisfecho. El hombre ya viejo y encorvado por tanto esfuerzo, no podía creer que buscar un nombre para su Dios fuese la cosa más difícil de todas. Se dio cuenta, desconsolado que de nada había servido concentrar toda la fuerza y todos los gritos y toda la eternidad. Su Dios no tendría nombre. Y por lo tanto nadie lo podría invocar o temer o contar con sus hazañas. Su Dios no era más que un impotente intento. Entonces gritó a las criaturas, de entre las que había sacado los materiales para su Dios: “Poned vosotros un nombre a mi Dios! Y la Creación respondió al unísono: Es un monstruo. Eso no es Dios. Un monstruo ¿Pero es que no ven la fuerza que tiene? ¿No escuchan sus gritos de poder? La creación volvió a responder: esa fuerza no es más que el viento de tu vanidad. Y las piedras no tienen vida y por eso no pueden morir. Las piedras no son más que la dureza de tu corazón.

¿Maestro qué es el amor Cristiano?

Rev. José Eugenio Hoyos

El significado del amor como regalo de Dios debe estar claro en la vida de cada creyente, pues el amor auténtico es espiritual y lo expresas desde tu interior, aunque para exteriorizarlo lo limitas con las palabras o con las obras.
El amor no está en la tarjeta o postal que envías, sino en su contenido, que a su vez anidas en tu corazón. Porque el amor de Dios está y vive en tu corazón.
En uno de los salones de un colegio había varios niños y uno de ellos preguntó: maestro… ¿qué es el amor?
El maestro sintió que la criatura merecía una respuesta que estuviera a la altura de la pregunta inteligente que el niño había formulado. Como ya estaban en horas de recreo, pidió a sus alumnos que dieran una vuelta por el patio de la escuela y trajeran lo que más despertase en ellos el sentimiento del amor. Los jóvenes salieron apresurados y cuando volvieron el maestro les dijo: quiero que cada uno muestre lo que trajo consigo.
El primer alumno respondió: Yo traje esta flor ¿no es linda? Cuando al segundo le llegó su turno el dijo yo traje esta mariposa, vea el colorido de sus alas, la voy a colocar en mi colección.  El tercer alumno completó: yo traje este pichón de pajarito que se cayó del nido, hermano ¿no es gracioso? Y así uno a uno, fueron colocando lo que habían  recogido en el patio.
Terminada la exposición el maestro notó que una de las niñas no había traído nada y que había permanecido quieta durante todo el tiempo. Se sentía avergonzada. El maestro se dirigió a ella y le preguntó: ¿y tú no has encontrado nada? Ella tímidamente le respondió: disculpe maestro vi la flor y sentí el perfume; pensé en arrancarla pero preferí dejarla para que compartiera su aroma por más tiempo. Vi también la mariposa suave, colorida pero parecía tan feliz que no tuve el coraje de aprisionarla. Vi también el pichón caído entre las hojas, pero al subir al árbol noté la mirada triste de su madre y preferí devolverlo al nido. Por lo tanto, maestro traigo conmigo el perfume de la flor, la sensación de libertad de la mariposa y la gratitud que observé en los ojos de la madre del pajarito.
¿Cómo puedo mostrar lo que traje? El maestro agradeció a la alumna y le dio la nota máxima considerando que había sido la única que logro percibir que sólo podemos traer el amor en el corazón.
El amor no es tomar, arrancar, capturar, forzar, ganar o perder. El amor se lleva en el alma; es recordar, es disfrutar amando, es ser libre y dejar libres a los demás.

Wednesday, April 11, 2012

Porque es importante llevar en mi pecho una Cruz

Por el Rev. José Eugenio Hoyos

 ¿Es correcto llevar una Cruz en el pecho? ¿Cree usted que los católicos usamos la Cruz como superstición? Y mi respuesta directa ha sido: “Claro que no”. Todo lo contrario llevar o portar una Cruz en el pecho es una gran bendición y una protección eficaz. El mismo San Pablo nos dice en Gálatas 6-14: “Mas lejos este de mi gloriarme, sino en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo me es Crucificado a mí, y yo al mundo”. De la misma manera leemos en 1 Cor, 21-25: “Mas nosotros predicamos a Cristo Crucificado, a los judíos ciertamente. Tropezadero, y a los gentiles locura”.

Nuestras familias Católicas a menudo en muchos lugares de trabajo son cuestionadas o se burlan porque los Católicos nos sentimos orgullosos de ser verdaderamente Cristianos. La Cruz no es solo signo de muerte, es el gran signo de vida. Y al no llevar la Cruz significa que todavía no hemos desenterrado a Cristo de la tumba, pues gracias  a la Cruz vino la Resurrección. De la Cruz brotó la sangre y el agua para darnos la vida eterna. San Juan nos dice en el capítulo 12:24: “De cierto, cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva muchos frutos”.
Llevamos la Cruz de Cristo porque verdaderamente somos agradecidos con Él, Él salvó al mundo por este signo. El cargar una Cruz le estoy poniendo un sello imborrable a mi vida y le demuestro a Cristo que soy un verdadero seguidor y que le he aceptado y lo seguiré por siempre. La Cruz es el gran instrumento de salvación para cada creyente. La Cruz no debe avergonzarnos al contrario debe ser nuestro gran símbolo de victoria.

La Cruz es el verdadero triunfo de la Resurrección de Cristo. Solamente después de Pentecostés, los Discípulos, iluminados por el Espíritu Santo, quedaron maravillados por la gloria de Cristo Resucitado y luego ellos proclamaron por todo el mundo el triunfo y gloria de la cruz.

Yo más bien les preguntaría a nuestros hermanos evangélicos  y de otras creencias; ¿Por qué sus hijos y ustedes mismos no se avergüenzan de usar símbolos como Nike, Adidas, Lacoste, Calvin Klein, Polo, Tommy Hilfiger, Gucci, Fendi, Prada y marcas que no salvan, mientras  que la marca de la Cruz de Cristo si salva.
En aquel tiempo Jesús dijó “si alguien quiere venir en pos de mi niéguese a si mismo, cargue con su Cruz y sígame” (Mateo 16,24). Esto quiere decir también que el verdadero discípulo no solo debe morir a si mismo, sino que la Cruz que lleva es signo de que muere al mundo y a sus vanidades.
La Cruz de Cristo, según el Apóstol Pablo, viene a ser el corazón de todo Cristiano. En estas Pascuas de Resurrección llevemos la Cruz no solo en el pecho sino dentro del Corazón.

Thursday, March 15, 2012

Ayuno y abstinencia dan fuerza espiritual

Por el Rev. Jose Eugenio Hoyos

Van corriendo con mucha rapidez el regalo que nos ha dado Jesús con su testimonio de vida y oración en cuarenta días que marcan el tiempo litúrgico dela Cuaresma. Estos cuarenta días hay que tomarlos con mucha seriedad y responsabilidad pues traen grandes resultados en nuestra vida espiritual y nos acercan más a nuestro Padre. Es realizar con alegría un alto en nuestras vidas llenas de tanto trabajo, preocupaciones o sentimientos encontrados para renovarnos, refrescar nuestra fe y vivir a plenitud los Sacramentos sobre todo la penitencia.

La práctica del ayuno y la abstinencia fortalecen en verdad el alma y el espíritu. No olvidemos que la ley del ayuno obliga a hacer una sola comida durante el día, pero no nos prohíbe digerir otros alimentos suaves. El ayuno es obligatorio para todos los católicos mayores de edad hasta que hayan cumplido 59 años. Son días de ayuno y abstinencia el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. La ley de la abstinencia prohíbe el uso de carnes, la abstinencia todos los viernes de Cuaresma. Se aconseja de que si a usted se le olvida o no tiene buena memoria o le falta disciplina escribir un rótulo o letrero en la cocina donde diga: “los viernes de Cuaresma no se come carne” y esto le ayudará grandemente a cumplir con esta ley.

Para que vivas con entusiasmo y te beneficies espiritualmente de la cuaresma, lee un libro con mensajes bíblicos, asiste a un retiro, visita al Santísimo Sacramento y dedica media hora de oración o en silencia y te llenarás de una gran fuerza poderosa, visita un hospital, trata de escuchar música con alabanzas cristianas. Comprométete a luchar por la justicia social y por el respeto a los inmigrantes, aboga por la defensa de la vida. Trata de no enojarte y de emplear palabras positivas.

Coloquemos a Cristo como el centro de nuestras vidas en este tiempo cuaresmal, no olvides que Él es la luz del Padre, proyectada hacia el mundo; Cristo es el que abre el telón oscuro y nos permite ver a Dios. Él es quien posibilita que el hombre pase de la noche de la ignorancia a la luz de la fe. Él es quien revela el misterio del pecado, del dolor y de la muerte, y el misterio del perdón, de la gracia y de la vida definitiva. Cristo nos acostumbra a conocer al Padre, y fortalece con la fe nuestros ojos débiles. Ayunando y practicando los sacramentos y en asidua oración  espiritualmente nos mantendremos fuertes en nuestro diario vivir.

La Palabra de Cristo contiene fuego y vida

Por el Rev. José Eugenio Hoyos

Dentro de pocos meses comenzaremos a celebrar el “Año de la Fe”, este acontecimiento será una gran oportunidad para todos los católicos para participar en la evangelización y traer más almas a la Iglesia. Después de nuestro bautismo estamos comprometidos a testimoniar con fuerza las enseñanzas del evangelio en el nombre de Jesucristo nuestro Señor.

La Palabra de Cristo es el fuego que debe quemar nuestros labios; es un huracán, tiene que hacer temblar. No puede permanecer acallada en la garganta del apóstol. Lo que escuchó en la celda intima del corazón y lo que se descubrió en el secreto de nuestro renacimiento a la vida nueva debe resonar sobre los tejados (Mt 10, 27).

Es una palabra viva que así invade la tierra (Rom 10-18), una palabra renovada porque no puede editarse y repetirse la misma confesión, sino que de día en día se ha de enriquecer con nuevos elementos, para describir la labor incesante del Padre y de Jesús, que trabajan siempre y sin interrupción nos colman de bendiciones y de gracia sobre gracia (Juan 1, 16). En estos tiempos cada católico debe desarrollar sus talentos y carismas ayudando a evangelizar y preparándose a predicar que Cristo sana y está vivo. No nos debe dar temor ni vergüenza de decirle al mundo que somos católicos, que también llevamos y estudiamos las Sagradas Escrituras, y que no nos da vergüenza de llevar un crucifijo, o la medalla de la Virgen en nuestros pechos y un rosario en nuestras manos. “Ay de mí, si no evangelizare”, decía San Pablo (1 Cor 9-16) y se dedicaba a la proclamación de la Buena Nueva, aun desde su prisión, porque él podía estar aherrojado, pero “la palabra de Dios no está encadenada” (2 Timoteo 2, 9).

Sería maravilloso y de gran importancia que todos los católicos asumiéramos un rol más agresivo en la evangelización, pues la palabra, que nos permite traducir nuestro pensamiento y nuestro afecto, nos permita también abrir los caminos para que el mundo crea, porque “¿Cómo creerán ustedes si no se les anuncia?” (Rom 10-14). La vocación de cada bautizado en la Iglesia Católica es revestirse con el vestido blanco de las buenas obras y llevar en las manos la luz del testimonio: un programa de vida que se puede coronar con la fuerza del Espíritu Santo, quien por medio de Jesucristo nos hace proclamadores del Evangelio ante el mundo y nos impulsa hacia la casa del Padre Celestial.

Friday, February 24, 2012

Sintamos el amor de dios en nuestra vida

Por el Rev. Jose Eugenio Hoyos


Como dice una canción: el amor es la fuerza que todo lo puede lograr, hasta el cambio del infierno al cielo, del odio al perdón, del llanto al gozo, del egoísmo al compartir, de la indiferencia  a la solidaridad, del aislamiento a la comunidad, del encerramiento a la apertura, de la desesperación a la paz, de la agresividad a la mansedumbre, de la tormenta a la calma, de la penumbra a la luz. Y de esta forma uno ve diferente la vida, se nos llenan los ojos de sol, en el cielo la luna se ríe, todo tienen distinto color. Y todo es obra del amor.
Cuando amas desde lo más profundo de tu corazón sientes y adquieres una paz tan extraordinaria capaz de soportar afrentas sin devolver el insulto, como Cristo en la cruz; capaz de soportar hasta la perdida de tu vida con tal de no ser infiel al  amado. Es la actitud heroica de los santos mártires, como los siete hermanos Macabeo y su madre del Antiguo Testamento, o la jovencita Santa Maria Goretti, quien acosada por el joven Alejandro prefirió la muerte antes que permitir ser agredida en su virginidad, la cual había ofrecido previamente a Dios en un acto valiente de amor.
Parece ser que todo heroísmo lleva consigo una alta cuota de sufrimiento, y quien a tiempo descubre esta condición pesante pero necesaria, con seguridad logra escalar la montaña de los ideales espirituales que se propone, y de los ideales humanos que la constancia convierte en extraordinarios. Porque la experiencia nos da que solo vences cuando siembras afecto, cariño, bondad, amabilidad, desprendimiento, pues son estas las compañeras y vecinas más cercanas al amor. Es una gran verdad que las personas desean ser amadas. Cada individuo necesita ser amado por alguien que es importante para él. Pero el hombre actual debe entender que existe un amor que lo puede satisfacer plenamente. Es un amor que todos debemos experimentar. Es el amor de Dios y el amor de su hijo: Cristo Jesús.
El apóstol Juan nos dice: “y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros” (1 Juan 4:16). Las Sagradas Escrituras nos dicen que Dios nos ama, y la cruz es prueba de ello. El origen para experimentar el amor de Dios, es la incredulidad. Cristo quiere que cada uno de nosotros experimente su gran amor. Cuando surjan las dudas, confié en la vedad de la palabra de Dios. Pues de verdad Él le ama.
En cada instante de nuestras vidas Dios nos demuestra su amor al haber envidado a Cristo a morir por nosotros; sino que El también derrama su amor dentro de nuestros corazones a través del Espíritu Santo. Por tanto, amar es una decisión, pero una decisión que has de hacer desde lo más profundo de tu corazón. La vocación de todo ser humano es el amor hecho felicidad, siendo esta cualidad la que nos da universalidad.